Ellas, la mayoría olvidada

Las mujeres siguen sin estar representadas en el debate público, los puestos decisivos siguen siendo para ellos

La presencia de mujeres en el Debate Decisivo de Atresmedia fue, por no decir inexistente, dolorosamente minoritaria. Deberíamos cuestionarnos si el debate fue un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos o, una vez más, la mitad de la población española no tuvo representación. Cuatro hombres, tres corbatas y ninguna mujer. No es que no haya políticas o que no existan mujeres preparadas para presidir el Gobierno de nuestro país, simplemente nadie se plantea que ellas también puedan optar a ese puesto o, por lo menos, ningún partido se ha atrevido a presentar una mujer como candidata.

La presencia masculina en la esfera política está siendo aplastante en los últimos días. No existen partidos, existen ellos, los líderes. Hombres masculinos y heterosexuales que son perseguidos por los medios como estrellas mediáticas que van a dirigir nuestras vidas, también la de las mujeres, durante los próximos cuatro años.

En el debate de ayer, las mujeres quedaron en un segundo o tercer plano representadas únicamente por la presentadora, Ana Pastor y también por las cuatro encargadas de controlar los tiempos de intervención de cada candidato, eso sí, desde una sala aparte. Además, durante el descanso publicitario aparecieron, no en directo, sino durante la desconexión, cuatro nuevas figuras: los asesores. Solo una de ellas era mujer. Se trata de Noelia Vera, que acompañó al candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, al debate. ¿Cómo es posible que las mujeres sean mayoría en nuestro país y a día de hoy estén tan apartadas de las primeras filas? No podemos quedarnos con la revolución que supone cada 8 de marzo cuando miles de mujeres salen a las calles, no podemos hablar de victoria si ésta no sigue acompañada de cambios radicales, desde la raíz, en la propia estructura social de nuestra comunidad. Los hombres mantenemos el protagonismo en la mayoría de ámbitos decisivos y nuestra presencia siempre es entonada con más relevancia. Debemos, entonces, replantearnos dar un paso atrás para entender que ellas siempre han sido las grandes olvidadas y que ahora les toca elegir por sí mismas, sin que ninguno de nosotros decida como deben ser, como deben actuar o como deben vivir su vida.

No vamos a construir una democracia real sin la presencia de las mujeres en el debate público, ellas tienen que encaminar su propio futuro, igual que lo han podido hacer los hombres a lo largo de la historia. No es un premio ni un merecido ni una recompensa, es el derecho a ser iguales, porque sin igualdad entre los individuos no hay democracia posible. La invisibilidad de las mujeres afecta negativamente tanto a ellas como a nosotros, los hombres. No estaban nuestras madres, ni tampoco nuestras hermanas o hijas, estaban ellos, los que siempre han simbolizado la autoridad, la fortaleza y demás tantras patriarcales que reducen el género femenino a una zona olvidada. Como esa sala, de la que después de 24 horas ya nadie se acuerda, de esas cuatro mujeres sentadas para minutar los tiempos de intervención ante la fotografía de cada líder en el ordenador.

¿Dónde están las mujeres? Esa era la pregunta esencial del debate, la que hubiera cuestionado la presencia de esos cuatro líderes que se empeñaron en hablar de igualdad, respeto y derechos para ellas en medio de acusaciones e insultos sin tomar consciencia de que estaban escenificando el intocable centrismo masculino.

Víctor Ferrer Olives

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